miércoles, 13 de agosto de 2014

Carta

"A veces despierto y pienso que no te has ido, a veces regreso a mis ojos esa dulce y cálida sonrisa que desde siempre retengo como lo más preciado que me dejaste... En ocasiones me aferro tanto a tu ausencia que la olvido, la olvido y sueño, sueño que aún estás aquí, qué todavía puedo abrazarte y sentirme protegido, que todavía puedo sentirme aliviado al voltear de repente... Y que estas allí sentado esperándome para conversar, que estas ahí para contarme una historia, para leerme o simplemente para acariciarme la cabeza.... A veces me detengo a pensar que las partidas son lo peor que nos tocó, que aceptar una ausencia es estar tan frágil que no sabes quién eres, no sabes dónde estas, para dónde vas... Recuerdo muy bien tus palabras: "Este muchacho va a ser un artista, de brocha y pincel" las recuerdo con tanto anhelo... Me ilusiona pensar, pensar en volver a verte, volver a olerte, a saborear ese enigmático aroma de tu colonia... A que me des un desparpajado beso en la mejilla, y luego me bendigas. En noches como estás cuando caen gotas del cielo, me acuerdo tanto de ti, porque ya no estas, y hay fríos que carcomen la piel y hielan el hueso, y lágrimas que no derramo porque me enseñaste a ser fuerte. Pero, no, no me enseñaste a olvidarte, a dejarte ir, no me enseñaste a despedirme... Por eso no lo hago... Y en noches como estas, me aferro a lo único que de ti me queda: tu suéter, y lo abrazo, y lo siento, y estas ahí conmigo, y estas precioso... Estas solemne; estás aunque no estés."
Cartas al abuelo. Santiago Cadavid Trujillo

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