"La mañana siempre es el mejor momento del día, pues, en la mayoría de las ocasiones solamente estoy yo, solo yo y mis pensamientos que son mis mejores amigos... Las mañanas que han transcurrido desde que no hay huellas de una sonrisa, han sido implacables, la angustia, la bruma, la espesa amargura que se merodea de cuando en cuando por mi garganta es aterradora. No hay mañanas felices desde aquél día, no hay pensamientos tranquilos desde aquél roce... Ya, ya no hay alegría. Mis brazos decaen y mi rostro languidece. Las mañanas se han vuelto el incio de la pesadilla"
Cartas a Nolo. Santiago Cadavid Trujillo